sábado, 18 de enero de 2014

Bel Bembé, "esto es así"

Me encuentro por internet, cómo no, con el trabajo de una diseñadora gráfica que me ha parecido estupendo. A partir de una anécdota que ella misma cuenta, le dio por crear unos pósters con noticias de hoy en día bajo su prisma vital y estilístico. A esa serie de dibujos, con estética de esquela, la llamó "ESTO ES ASÍ". Merecen la pena.

http://www.belbembe.com/Esto-es-asi






Chomsky critica internet.

En este artículo de Paula Molina para BBC Mundo, Noam Chomsky explica sus reservas hacia internet y el uso que hacemos de esa ventana tecnológica al mundo. Las reflexiones de este filólogo siempre son interesantes.







lunes, 13 de enero de 2014

Vincent de Gaulejac. La neurosis de clase existe.

María Luján Picabea en clarin.com el pasado 8 de enero entrevistaba al conocido sociólogo francés Vincent de Gaulejac.
"Es una ilusión pensar que hay igualdad para ejercer el talento entre hombres y mujeres"
En la novela El lugar –publicada en 1983, premio Renaudot en 1984–, la escritora francesa Annie Ernaux vuelve la mirada sobre su hombro, tras la muerte de su padre, para narrar, sin una pizca de compasión, el origen humildísimo de sus padres y el tesón con que fueron ascendiendo de campesinos a obreros y de allí a comerciantes, lugar desde el cual le ofrecieron a ella una buena educación, que más temprano que tarde dispararía sus posibilidades y terminaría por alejarla de su casa, su barrio y la vida de sus padres. En uno de los pasajes de El lugar (Tusquets), la escritora cuenta: “Hablábamos de la gente del barrio, los que se habían casado, los que habían muerto, los que se habían ido de Y… Yo les describía el apartamento, a Louis-Philippe, el secretario, los sillones de terciopelo rojo, la cadena de música. Dejaba de escuchar enseguida. Me había criado para que disfrutara de un lujo que él mismo desconocía, se alegraba, pero el colchón Dunlopillo o la cómoda antigua no tenían para él más interés que el de certificar mi éxito. A menudo lo resumía diciendo: ‘Haces muy bien en disfrutar’”.
El sociólogo francés Vincent de Gaulejac se ha valido de El lugar y de otras, varias, ficciones para apoyar en ellas la hipótesis que trabaja en su libro La neurosis de clase. Trayectoria social y conflictos de identidad, recientemente publicado en la Argentina por la editorial Del Nuevo Extremo, con traducción de Marcela de Grande. De Gaulejac establece, para elaborar su concepto de neurosis de clase, un puente entre la sociología y el psicoanálisis y a partir de allí se aboca a los conflictos psicológicos que enfrenta una persona que ha atravesado un desclasamiento social, ya sea de promoción o regresión. Dice el sociólogo: “Todo individuo que cambia de clase social vive un conflicto entre su identidad heredada (identidad de origen que le confiere su medio familiar) y su identidad adquirida (la que va construyendo en el transcurso de su trayectoria)”. En noviembre, De Gaulejac participó de una mesa redonda en la Universidad Nacional de Avellaneda y conversó con Ñ sobre los conceptos La neurosis de clase , en los que trabaja desde los 80, y la pertinencia de ellos en la sociedad actual.
–En la sociedad actual, ¿se puede hablar aún de clases sociales como compartimentos estancos?, ¿de qué modo se adapta al mundo actual el concepto de neurosis de clase?
–Yo escribí este libro hace 30 años en Francia, en un momento en que las clases sociales todavía se evocaban como una lectura posible de la sociedad. Hoy no es el caso, estamos en una sociedad fragmentada, Zigmunt Baumann habla de la sociedad líquida, pero eso no significa que no haya más clases sociales, pero sí que no son tan identificables como antes lo eran. Si la movilidad social hace unos 50 años era algo excepcional, hoy por hoy se ha vuelto la norma. La idea de clases sociales en el sentido marxista ya no es tan pertinente para leer la sociedad, lo que no significa que las relaciones de dominación no existan más, lo que no quiere decir que la internalización de los habitus ligados al medio social del que uno viene ya no exista. Pierre Bourdieu ha analizado la violencia simbólica de las relaciones sociales. Ayer, por ejemplo, estábamos en la Universidad de Avellaneda y se evocaban las dificultades que puede encontrar la gente que viene de los medios populares cuando acceden a la Universidad, su relación con el saber, la escritura, con los profesores que representan la cultura legítima. Los complejos de inferioridad y superioridad existen y, en parte, están muy ligadas a problemáticas sociales. La distancia entre ricos y pobres crece cada vez más, entonces no hay que creer que porque las clases sociales ya no son tan fácilmente identificables no es por eso que han desaparecido las relaciones de dominación y la dimensión social y simbólicas que esas relaciones de superiores e inferiores, clases altas y bajas, la gente bien educada y mal educada sigue existiendo. Por eso imaginé la idea de que la lucha de clases fue reemplazada por una lucha por los lugares.
–En el libro se refiere al término de realización personal como una especie de condena. ¿Considera que en la sociedad actual eso es más pesado que lo que ha sido históricamente?
–Estamos absolutamente sumergidos en la ideología de la realización de sí mismo. Este es un fenómeno nuevo, masivo. Las generaciones de burgueses anteriores a los 60 tenían como proyecto parental para los hombres que debían ser abogados, ingenieros o médicos. Para las mujeres, casarse con un abogado, ingeniero o médico. En las clases populares no había proyecto parental más que aceptar la condición de obrero o campesino o bien tener la esperanza de que, a través del estudio, uno podía acceder a un estatus social un poco menos duro, con un salario mensual, llegar a ser empleado de oficina, con un trabajo estable, sin tener que estar expuesto a las inclemencias del clima. La identidad estaba muy determinada por la reproducción de las relaciones sociales. Hoy, cuando uno les pregunta a los padres sobre cuál es el proyecto parental respecto de sus hijos, dicen que esperan que haga lo que quieren y lo importante es que él o ella sea feliz. Lo que sucede es que en el ejemplo anterior los padres sabían cómo uno se convierte en abogado, ingeniero, médico; mientras que hoy los padres no saben cómo se hace para ser feliz. En un contexto en el que la cultura del alto rendimiento, la excelencia no pasa sólo por la familia, sino por los medios de comunicación, nos arrastra a la idea de que para tener éxito en la vida hay que poder realizarse, desarrollarse como las estrellas, los campeones de fútbol, las personas que tuvieron éxito. Hay una especie de demanda, muy individualista y narcisista, que dice que para ser reconocido hay que ser emprendedor de su propia vida. La idea imperante es que a los que les va bien es porque tienen talento. Por el contrario, a los que les va mal es porque no supieron realizarse, no supieron desarrollar su capital humano. Para la ideología de gestión, con la que se manejan las empresas, el yo de cada individuo se convirtió en una especie de capital que hay que hacer crecer. Eso es una ideología individualista, capitalista, que se va internalizando con la idea de que hay que ser rendidor en la escuela para llegar a los mejores lugares en las empresas de mayor rentabilidad y las mejores posiciones. Esa es la lucha por los lugares y eso es lo que moviliza a los individuos, y lo hace caer en una trampa, que es la igualdad de oportunidades: la idea de que es el talento el determinante esencial de la existencia humana. Ahí hay algo muy interesante para un sociólogo y muy inquietante para un ciudadano, una especie de carrera de cada individuo para tratar de hacerse un lugar en la sociedad y ser reconocido. En las grandes empresas internacionales se ve hasta qué punto es destructiva la lucha por los lugares, la competencia generalizada, la búsqueda insaciable de reconocimiento. Pero nunca habrá satisfacción para ello porque es una ilusión narcisista. Yo trabajé sobre este tema, sobre el sufrimiento en el trabajo, una causa de malestar entre la gente.
–¿Esta ideología se desactiva desde lo personal o es una proceso que tiene que ver con lo social?
–Seguramente sí, yo creo que en el deseo que tiene cada individuo de nacer como sujeto se ve confrontado a sus conflictos. Distingo dos posiciones en las cuales nos vemos confrontados: las reacciones defensivas y los mecanismos de liberación. Las reacciones defensivas son aprender a vivir en ese contexto de lucha de lugares, tratando de vivir lo mejor posible, adaptándose a la ideología del rendimiento. Siempre es una reacción defensiva porque nunca hacen lo que quieren hacer y cuanto más se adaptan desembocan muy a menudo en la depresión, porque cuando el yo ya no está a la altura de las exigencias de rendimiento se desmorona. Los mecanismo de liberación son los trabajos que el sujeto hace sobre sí mismo para liberarse de esas exigencias ilusorias, para desinternalizarse de esa ideología y desincorporar todos esos mecanismos de adaptación que tuvo que implementar para poder vivir en ese mundo. A mí me asombra que hay millones de personas que implementan pequeñas estrategias individuales de liberación, por ejemplo incorporándose como militantes en grupos solidarios, de economía social, decidiendo renunciar a ganar mucho dinero porque quieren tener una actividad cultural, aceptan que les paguen menos porque, por ejemplo, ser docentes tiene para ellos un sentido más profundo. Militar para revalorizar las profesiones que han sido invalidadas también es muy importante. Esos son mecanismos de liberación que están a nivel de cada sujeto que trata de darle sentido a su existencia pero en realidad no toman cuerpo hasta que no hay grupo que los retomen a nivel colectivo y les dan consistencia a nivel social. Por eso, nacer como sujeto, construirse no es sólo un problema personal sino también un problema político.
–¿Esta presión es más tangible en las grandes ciudades?
–No, porque las capacidades de invención de los humanos para existir están en la adaptación al contexto social en el cual están. Hasta en los campos de concentración, los universos más totalitarios que hayan podido existir, donde los individuos están desprovistos de todo, hay una capacidad de resistencia del sujeto que es muy fuerte. Evidentemente los recursos de los que disponemos son distintos en las grandes ciudades que en el campo, diferentes para las clases más altas y las que están en situaciones de gran precariedad pero la capacidad del sujeto de construirse son ilimitadas. Es algo que está en el centro del hombre y de la humanidad.
–Entonces, ¿habría que trabajar sobre la trampa de la igualdad de posibilidades y de que crearse a sí mismo sólo depende del talento?
–Un amigo, Robert Castell, decía que para poder existir como individuo en la sociedad tal cual es, hay que tener algunos soportes, en términos de derecho, capital social, capital económico… Y ahí hay una desigualdad profunda en términos de soportes que favorezcan la existencia social de los individuos, por eso decía que el problema es político. Es una ilusión pensar que hay igualdad para ejercer el talento entre hombres y mujeres. La posibilidad de ejercer el talento depende de elementos objetivos y no sólo subjetivos.
–¿Cómo lee las influencias de las nuevas tecnologías en términos de reproducción o no de esta ideología imperante de lucha por los lugares?
–Es muy interesante en varios niveles. La gente invierte parte de sus ingresos y de su tiempo en nuevas tecnologías que son al mismo tiempo un formidable instrumento de emancipación y de alienación. Me acuerdo siempre del gerente de una empresa que me decía: “Estas nuevas tecnologías son geniales porque soy libre para trabajar 24 horas”. Lo cual es la paradoja más grande que existe. Hoy ya no hay movimientos sociales en términos de grandes manifestaciones que hagan la revolución pero vemos movimientos de estudiantes u otros en los que las redes sociales juegan un papel importante en términos de creatividad, inteligencia colectiva, etc. Allí está lo mejor y lo peor en pero es uno de los elementos que contribuyó a desestructurar a la sociedad en términos de clases para construir una sociedad de los individuos, pero al mismo tiempo una sociedad, móvil, líquida, fragmentada, donde hay toda una parte en la que no se sabe qué es real y qué es virtual. Es una sociedad a la vez real y virtual. Entre el ser del hombre y el de la sociedad aparece esta esfera virtual de comunicación y relación que las tecnologías permiten y que está globalizada. Es uno de los cambios a los cuales hayamos asistido en la historia de la humanidad. Muy apasionante y muy inquietante.
–¿Cómo ve el futuro, cree que se profundizará la emancipación o la alienación a través de estas tecnologías?
–Me parece que tenemos que entender que nuestro mundo es cada vez más paradójico que no se puede contestar a la pregunta en término de esto o aquello, lo importante es que ambas cosas suceden al mismo tiempo. Yo estoy escribiendo un libro sobre la sociedad paradojante, no paradójica, sino paradojante. Es decir, una sociedad que nos pone ante desafíos en los cuales no sabemos qué es creación, qué destrucción, qué es alienación y qué emancipación, qué es positivo y qué negativo porque son las dos cosas al tiempo. Entonces no sabemos muy bien qué hacer. Es más fácil vivir en un mundo maniqueísta en el que hay buenos y malos porque sabemos de qué lado ir; aquí es imposible.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Serge Latouche. Vivir con menos y ser felices.

Pero es que quién es el imbécil que se puede creer lo del crecimiento continuo en materia económica. Crecimiento continuado y además autocontrolado, es decir, que la propia deriva macroeconómica sabe por dónde y hacia dónde se avanza y se autorregula, se autogestiona sin posibilidad de error. Pues mira, llegan los de Lehman Brothers robando y estafando y una decisión política, la del gobierno de los EEUU de no volver a avalar a semejantes golfos y sinvegüenzas echa por tierra toda esa ensoñación libremercadista.
http://elpais.com/diario/2009/09/13/negocio/1252847665_850215.html

Dejando caer al gran banco comienza la reacción en cadena por todo el mundo y el gran sopapo para España con su economía del pelotazo inmobiliario. Adiós muy buenas.



Y eso que en los años anteriores a la crisis, cuando todo fluía, los dineros corrían de un lado para otro y la economía, cual mítico dios heleno, era inquebrantable, se nos bombardeó de tal manera con este concepto que prácticamente todo el mundo se lo llegó a creer.

Serge Latouche no estaba, sin embargo, en esas opiniones, al contrario criticaba ese liberalismo económico "autorregulado" que nos iba a llevar a la hecatombe, como así fue... y sigue siendo.
El artículo que os enlazo es de hace dos años y apareció en el diariodenavarra.es pero sus opiniones sobre el movimiento por el decrecimiento son muy actuales y están generando cada vez más adeptos. Un poco de sentido común frente a tantas opiniones y leyes macreconómicas que no hacen sino mantener las misas estructuras y sistemas que nos han llevado a este desastre generando además las mayores desigualdades de la historia.

http://www.diariodenavarra.es/20110211/navarra/serge-latouche-gente-feliz-suele-consumir.html?not=2011021103385837&idnot=2011021103385837&dia=20110211#.UrN_tBjNr10.facebook


jueves, 12 de diciembre de 2013

Gervasio Sánchez, la dignidad de un fotógrafo.

Volvió a llegar el otro día a mi correo electrónico un powerpoint sobre el discurso que realizó Gervasio Sánchez al ser premiado con el Ortega y Gasset de fotografía del año 2008. De hecho ese correo, u otro en diferente formato, quizá un pdf, ya había circulado en fechas más cercanas a las de la entrega de los premios y lo recordaba.
El caso es que el citado discurso breve pero pleno de dignidad y compromiso me impactó de nuevo y, como suelo hacer en estos casos, busqué las referencias en internet que demostraran la autoría y la información que allí se daba. Así encontré el blog "Los desastres de la guerra" del propio Gervasio Sánchez y una entrada suya donde hablaba de ese discurso y de cómo se extendió viralmente a través de la red y la repercusión que tuvo.

http://blogs.heraldo.es/gervasiosanchez/?p=843



La denuncia de nuestra doble moral siempre es algo que remueve nuestra conciencia, a quien la tiene claro. En la entrega de los premios Ortega y Gasset de aquel año la doble moral era intragable, inasumible, inconcebible,... pero tantas situaciones en este triste mundo lo son que responder ante esa miseria moral, abanderar la dignidad de los indefensos, es un gesto superior, un gesto que invita a pensar que esta mezquindad ética en que se desenvuelve nuestro mundo puede cambiar.

Se premiaba la foto llamada "Sofia y Alia" del proyecto "Vidas minadas" donde la ternura y la crueldad iban de la mano. Gran fotografía en la que el equilibrio se fragua en la placidez familiar frente al desastre de las minas antipersona. La foto habla por sí sola.

Aquí os dejo el discurso completo de Gervasio Sánchez. Fantástico.

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio “Ortega y Gasset” de Fotografía, convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto “Vidas Minadas”, al que pertenece la fotografía premiada, tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad. Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película “Cuentos de la luna pálida” de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de las minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles, desde el inicio de la transición, encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabricamos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King, me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Muchas gracias.

sábado, 7 de diciembre de 2013

¿A qué le tienen miedo algunas de las personas más inteligentes del planeta?

La página "Animal político" ha hecho un resumen sobre las 150 cuestiones que dan miedo a científicos, pensadores, académicos... de reconocido prestigio a nivel internacional que publica cada año la revista digital "Edge". Hay respuestas curiosas y muchas sí que dan miedo, sí.

http://www.animalpolitico.com/2013/01/las-150-cosas-a-las-que-le-tienen-miedo-las-personas-mas-inteligentes-del-mundo/#ixzz2mNjba7fa


viernes, 6 de diciembre de 2013

Julia Otero a Nelson Mandela.

Entrada de Julia Otero para el Periódico.com del 5 de julio de 2013 cuando trascendió la noticia del estado de salud precario de Nelson mandela. Hoy, en el día que hemos conocido su muerte, este artículo pasa a ser un sentido homenaje.
"Si no me diera vergüenza cobrar este artículo fusilando las palabras escritas por otra persona, hubiera usado los 3.000 caracteres de los que dispongo para compartir con ustedes fragmentos del discurso que dio al mundo Nelson Mandela el 10 de mayo de 1994, cuando tomó posesión como presidente de la nación sudafricana.
Mientras el último hombre grande de la política mundial agoniza en Pretoria, es imprescindible volver sobre su historia y sus palabras como forma de combatir la mediocridad exasperante en la que nos desenvolvemos en estos tiempos. «De una desmesurada catástrofe humana debe nacer una sociedad de la que la Humanidad se sienta orgullosa». Cuando Mandela pronunció esa frase habían pasado 4 años desde su excarcelación y desmantelamiento de la infamia del apartheid. Mandatarios de 140 países acudieron a escuchar a aquel tipo menudo que salió de tres décadas de cárcel sacudiéndose todo rencor porque «había llegado el momento de curar las heridas». Unas cicatrices atroces escritas sobre la humillación del 80% de la población negra que vivía, trabajaba, comía y se desplazaba sin mezclarse con el blanco. Se desposeyó a millones de africanos de sus tierras y sus casas, se los confinó a zonas tribales de miseria y hacinamiento.
Los que éramos adolescentes en 1976 recordamos el impacto de aquellas imágenes brutales de represión policial en Soweto, el guetto gigantesco en el que se hacinaban miles de nativos, mano de obra barata, portadores obligatorios de aquel documento infame, el Pass low, una especie de DNI de la segregación y racismo más repugnantes. Murieron centenares de jóvenes, todos desarmados, muchos tiroteados por la espalda. España salía tímidamente de la dictadura y aquello nos lo contaron los medios con una indolencia que hoy produce escalofríos recordar. Antes de la masacre, protagonizada sobre todo por escolares y maestros negros, el presupuesto que el gobierno gastaba en educar a un niño blanco era de casi 700 rand -la moneda oficial- mientras que el hijo de un negro apenas alcanzaba los 40. ¿Para qué iban a tirar el dinero educando a quien nació para siervo?
Líder moral
Si tienen hijos pequeños o adolescentes, prueben a contarles detalles del apartheid y de Mandela, ese último e indiscutible líder moral del siglo XX, que nos recuerda que hubo un tiempo en que el mundo conoció el liderazgo y el coraje políticos. «Hemos triunfado en nuestro intento de implantar esperanza en el seno de millones de los nuestros».
Cuando hoy la amargura colectiva se percibe en cada esquina, es de prescripción obligatoria volver a las palabras de Mandela porque curan. «Debemos actuar para alentar el nacimiento de un nuevo mundo. Que haya justicia y paz para todos. Que haya trabajo, pan, agua y sal para todos. El sol jamás se pondrá sobre un logro humano tan esplendoroso». Madiba -su nombre tribal- se está muriendo. ¿Habrá nacido ya algún líder de su estatura para el siglo XXI?
¿O deberemos resignarnos a la miseria moral de quienes gobiernan hoy el mundo?"

Después de unos meses y tras la muerte de Nelson mandela, la pregunta que nos planteaba Julia al final de este estupendo artículo se sigue contestando afirmativamente: sí, resignación y miseria moral.